Cuencas de percepción y fragilidad


#1 Mirador Quebrada de los Cuervos

Se accede a la Quebrada desde el km 306.700 de ruta 8, recorriendo 24km hacia el oeste por el camino vecinal.

La Quebrada se forma debido al entalle profundo que realizan las aguas del arroyo Yerbal Chico en su recorrido entre los cerros. La diferencia de nivel tan marcada y la presencia del arroyo hacen que se forme un microclima de tipo subtropical que contrasta ampliamente con el de las serranías y el entorno. El microclima particular condiciona y crea la posibilidad de sostener fauna y flora muy singular y de marcada riqueza.

En "El Mirador" comienza nuestro recorrido por el territorio del paisaje protegido de La Quebrada de los Cuervos. Es el punto más alto y alcanza unos 300 metros sobre el nivel del mar. Recorreremos el camino hasta llegar al punto más bajo que es el cauce del arroyo Yerbal Chico. Entre ambos sitios existe una diferencia de nivel mayor a los 100 metros.

Al mirador se accede por una pasarela de madera que se implanta sobre el terreno y dirige al visitante hacia el principal punto focal del lugar. A medida que avanzamos descubrimos variadas especies vegetales que se destacan por su floración de tonalidades rosas o violáceas, amarillos y blancos. El recorrido de la pasarela va mostrando en cámara lenta la belleza y diversidad del paisaje, proponiendo al visitante focalizar su atención en una multiplicidad de escalas que varían permanentemente. Por momentos la vegetación te atrapa absorto en su belleza, ocultando el paisaje circundante para luego abrirse cual ventana y brindar un panorama amplio, que nuevamente se cierra y vuelve a abrirse. El cuidado manejo de escalas hace de este trayecto una experiencia que motiva a seguir avanzando. Aparecen las copas de las palmeras entre una serie de superposición de planos verticales y una exuberante vegetación principalmente de bosque serrano.

Se puede apreciar la intención de generar este recorrido, cuidadosamente manipulado para que el paisaje sea apreciado desde un punto de vista especial que enmarca la mayor perspectiva (180°) y la mayor profundidad del sitio. Quien recorre la pasarela pierde ese contacto directo con el suelo, desconectándose a través de ella solo por un momento, para llegar al final a ese mirador que hace sentir al visitante nuevamente parte de ese paisaje, sintiendo la grandeza, el esplendor y entendiendo como nunca el sentido de lo sublime. Nos sentimos parte de ese inmenso paisaje, la sensación de libertad es única e indescriptible.

Dejando la seguridad de la pasarela, nos adentramos por una pronunciada pendiente rocosa, ayudados por sogas dispuestas generosamente en el camino, que permiten un descenso seguro hacia el punto más bajo del lugar.

A medida que descendemos, la relación con el sitio cambia ampliamente, ahora debemos aferrarnos a las rocas para lograr bajar con seguridad, el contacto es directo y sentimos al tacto las distintas texturas de las rocas y los vegetales que también sirven de apoyo en alguna oportunidad. Esos límites que desde el punto más alto se dibujaban tan claramente, se desdibujan ahora y el sentimiento es el de estar entrando al corazón mismo de la madre naturaleza. Se escuchan sonidos de las aves y el arrullo suave del arroyo que paso a paso se hace más enérgico y que al llegar nos sorprende con su caudal embravecido por las recientes lluvias.

Abajo las condiciones del sitio crean un microclima de tipo subtropical, en contrastante con las serranías y penillanuras del entorno. El aire acá es muy húmedo y la densa vegetación deja filtrar unos tímidos rayos solares que iluminan el sitio. Desde abajo, la naturaleza nos demuestra su grandeza haciendo que tomemos conciencia de nuestra pequeñez y fragilidad ante lo majestuoso de este paisaje. La otra orilla del arroyo se pierde entre la densa vegetación que se presenta como una alfombra que lo cubre todo y no deja ver la roca madre que da soporte. Nuevamente experimentamos lo sublime de este paisaje.

Se presenta en el lugar una Mulita que al parecer no se percata de nuestra presencia y continua con su rutina sin que le afecten nuestras cámaras que prontamente tomamos para dejar registro de ella.

En el lugar encontramos diversidad de texturas y tamaños, cerca del cauce del arroyo se encuentran nuevas especies arbóreas del tipo de monte de quebrada: palmeras, trepadoras, lianas, helechos y orquídeas. En su recorrido el agua del arroyo se filtra en un lecho de piedras y arena fina y adquiere un aspecto muy cristalino que invita a probarla. Su sabor frescura nos deleita.

Nos dirigimos ahora hacia la escalera de madera que hace posible el ascenso para retomar el recorrido pautado. Entre las rocas aparecen Cereus y otras cactáceas, el aire se torna menos denso y se respira mejor. Todo el recorrido es interesante y cambiante, cruzamos pequeños hilos de agua, puentes, caminos rocosos y luego nuevamente retomamos la pradera natural que nos dirige al punto de partida.


#2 "El Capricho"

El Capricho es una posada de campo que se ubica en la 4ta sección Yerbal Chico en el departamento de Treinta y Tres y se accede desde el km 306.700 de ruta 8, tomando el camino a la Quebrada de los Cuervos.

Surge en el año 1998 como un emprendimiento familiar que promueven sus propietarios César y Ana María junto a sus 4 hijos. Los propietarios se enamoraron del lugar "a primera vista". "Encaprichados" por la belleza del sitio decidieron comprar el campo "a ciegas" sin haber tenido la posibilidad de acceder al lugar debido a que cuando fueron a conocerlo, las intensas lluvias cortaron el paso y no pudieron acceder.

Llegamos a "El Capricho" recorriendo en auto el camino desde La Quebrada. Nos recibió Ana María con una cálida bienvenida y nos invitó a recorrer el lugar.

Nos dirigimos a pie hacia al punto más alto del terreno y desde ahí definimos nuestro sitio de observación. Fijamos la mirada en el establecimiento, como punto focal. La altura nos permite abarcar una cuenca visual muy amplia de 270 grados.

Podemos observar un horizonte muy lejano con superposición de 3 líneas de horizonte que se definen por los distintos tipos de cobertura vegetal. Predomina en esta cuenca la pradera natural que se fragmenta visualmente debido a las variadas formas de la actividad ganadera, tipos de pastoreo y cultivos, denotando variados tonos que pasan por el verde, marrón y blanco grisáceo que aportan los afloramientos rocosos. Un amplio cultivo de eucaliptus remata este paisaje y una pradera artificial que se destaca por los intensos tonos de verde claro.

La gran riqueza de especies se observa y disfruta desde ese punto, coberturas vegetales variadas, diferentes texturas y colores. A lo lejos vemos un pequeño arroyo o curso de agua.

La pendiente del lugar es de unos 45° aproximadamente. Se destacan en el paisaje los afloramientos rocosos de cuarzo al este y de granito al oeste, y así como cambia el suelo, también lo hace su cobertura vegetal. Por un lado especies de bajo porte, herbáceas y gramíneas; por otro lado se observan arbustos y árboles que forman parches o asociaciones vegetales del tipo de bosque serrano.

La luz del atardecer baña este pintoresco paisaje, destacando todos sus colores. Mientras el sol baja, su luz pierde intensidad y el cielo toma una tonalidad más profunda de azul. Los colores se saturan y el efecto de percepción de toda la cuenca es indescriptible. La calidez y riqueza del paisaje aumentan debido a los brillos complacientes de esta atmósfera crepuscular.

Abajo nos espera Ana María con un delicioso pan casero y una merienda reparadora para dar cierre a esta jornada de enriquecedores aprendizajes.


#3 "La Tapera"

Las taperas, relictos que registran el pasar del tiempo y relatan la historia del asentamiento humano en la campaña. Son indicadores del creciente despoblamiento de nuestros campos. Son huellas, testimonios que nos permiten interpretar modos de vida, costumbres, momentos en la historia; por su materialidad y por la organización de la planta. Registran cambios efectuados en las viviendas, puertas o ventanas tapiadas o agregados de nuevas habitaciones para ampliar la superficie habitable. Asociados a estas taperas, en general, se encuentran árboles que también "cuentan" la historia del lugar.

La tapera que visitamos se encuentra por el camino que une el Establecimiento El Capricho con la Escuela N°44. Por tratarse de una propiedad privada, no pudimos entrar para observarla de cerca, en este punto nuestra exploración fue a través del lente de nuestras cámaras, pudiendo distinguir materiales, vegetación y entorno.

Observar esta tapera cambió la concepción del entorno, transportándonos en el tiempo y espacio. Hubiera completado esta experiencia el llegar a pie o a caballo por esos caminos, para darnos una aproximación más adecuada al sitio y la época a la cual refiere.

La tapera es definitivamente el punto focal del sitio. El sonido dominante es el del viento, que por momentos nos permite escuchar a las aves o a los insectos que también forman parte de ese paisaje, lleno de vida, de sonidos y de ausencias.

A lo lejos se observan huellas recientes que enseñan las nuevas modalidades de intervenciones antrópicas; forestaciones de eucaliptos y fresnos, alambrados rígidos que separan terrenos y conforman estos nuevos paisajes de praderas desprovistas de su vegetación original.

Se realizan en ese mismo momento quemas de pastizales de Erianthus angustifolius (paja estrelladora), para dar lugar a nuevos cultivos de esta actual modalidad de producción.

La tapera forma parte de una serie de construcciones de iguales características distribuidas en la zona. Marcas del pasado que persisten en el territorio, ahora modificado, constituyen una parte importante de la cultura de la región.

El horizonte se percibe muy lejano y nos deja un campo visual amplio que abarca las colinas cubiertas de texturas y colores que parten del suave verde claro del pastizal de pastoreo y llegan hasta el amarillo opaco de la Erianthus angustifolius (paja estrelladora), presenta manchas de blanco grisáceo que aportan los afloramientos rocosos y tonos oscuros de verde de algún monte ribereño.


#4 Escuela N°44 de Sierras del Yerbal:

Comenzando una nueva jornada de reconocimiento nos dirigimos en auto por el camino que une la Quebrada, El Capricho y la Escuelita rural del lugar.

Decidimos bajar del auto y llegar hasta la escuela caminando; recorrimos a pie unos 300 metros aproximadamente. A pesar del breve recorrido que transitamos desde los vehículos hasta la escuela, el camino pareció ser más extenso. El calor del sol resultó bastante agobiante, hecho que nos hizo reflexionar sobre como harían los niños que asisten a esa escuela para llegar todos los días, desde sus hogares hasta el aula. Una escuela que para nuestra idiosincrasia citadina nos resulta tan alejada y hasta olvidada en el medio del inmenso campo.

Al llegar nos recibe Verónica Guerra, la única maestra que tiene la escuela. Ella trabaja allí desde hace 9 años, es maestra y directora, algo que se repite en la mayoría de las escuelas rurales del país. Alegre, simpática y comprometida con su labor docente, Verónica nos describe fielmente su vida y la de sus niños. Ella vive en la ciudad de Treinta y Tres y recorre en moto todos los días un trayecto de 60 km para llegar a la escuela. Eventualmente se queda ahí para aprovechar el tiempo, ya que tiene a su disposición una habitación, cocina, lavarropas y la huerta. La escuela se abastece de energía eléctrica por medio de paneles solares y como alternativa tiene un generador a nafta.

A la escuela asisten 4 niños, al que vive más cerca le toma una hora a caballo llegar a la clase. Verónica dice que a pesar de ello, ninguno falta ya que es su momento de recreo en donde son simple y llanamente niños.

La vida en el campo no es fácil, falta el agua corriente, la red de energía eléctrica de UTE no llega al lugar y las tareas cotidianas insumen un mayor esfuerzo. Los niños colaboran con las tareas del hogar y del campo, la jornada es larga y muy laboriosa.

La cantidad de alumnos se reduce a medida que pasan los años, en sus inicios la escuela tenía 60 alumnos, actualmente solo tiene 4 niños. Los dos más grandes terminan este año, en 2018 asistirán a la escuelita únicamente dos niños.

La escasa matrícula que tiene la escuela amenaza su permanencia en el territorio. En el año 2020, la escuela cumplirá 100 años y nos preguntamos si llegará a tener alumnos que le permitan seguir funcionando en ese momento. Verónica nos recuerda que luego que una escuela cierra es muy difícil burocráticamente volver a reabrirla. Esta falta de niños es otro indicador del creciente despoblamiento de nuestros campos, los jóvenes se van a la ciudad buscando las comodidades que la vida del campo no otorga. Algo que a nosotros nos resulta placentero y renovador en estos días de permanencia en el campo, para ellos se torna sacrificado y laborioso, mayor esfuerzo y menor confort.

De esta misma escuela fue maestro Rubén Lena y la letra de su canción "La Ariscona" se inspira en estos paisajes que se enmarcan en las típicas Sierras del Yerbal. Allí describe gran parte del Paisaje que observamos. El "cerro colorado", por esas arcillas rojas que se destacan en el camino a la escuela y el "rumor del romerillo" (Baccharis aliena) cuando el viento los mece. Un suelo rocoso y arcilloso, donde se destacan el cuarzo blanco y el granito. Nuevamente se mezclan texturas y colores.

En la escuela el césped se ve prolijamente cortado, pero ningún jardinero corta el césped, son las ovejas quienes mantienen el terreno en esas condiciones. Al fondo está el lugar donde se quema la basura, allí quedan restos de latas y envases plásticos que no ha logrado consumir el fuego. Al fondo un alambrado marca el límite de la propiedad. La cobertura vegetal cambia de un lado al otro del alambrado, de un lado el verde intenso de la pradera pastoreada por ovejas y del otro los marrones de una vegetación con otro tipo de manejo. A lo lejos y fuera del predio de la escuela, se puede observar un bañado, y algunas vacas y caballos. A poco pasos, entre las ramas de los árboles, se posan cardenales y churrinches.

Cerca de la construcción de la escuela hay un tajamar, en él se reúnen ovejas, gallinas y otras aves.

En el campo todos los sonidos se destacan porque lo que predomina es el silencio.

Grillos, variados insectos y el croar de las ranas rompen el silencio del lugar, seguramente entre semana esta percepción será distinta, debido a la presencia de los niños en su actividad escolar. 

Fotointerpretación

Estudio de Cuenca Visual

Fragilidad